¿México está en recesión o no?

Después de la recesión de 2009, México enfrentó un momento muy complicado en 2019, cuando la economía se estancó y enfrentó un entorno externo dominado por varias situaciones como los conflictos comerciales entre Estados Unidos y China y la aplicación de aranceles por parte de Estados Unidos a algunas de las exportaciones mexicanas. Pero, fundamentalmente, la complicación se debió a factores locales que inhibieron o afectaron la inversión, el gran determinante del crecimiento de la economía.

 El Inegi confirmó la cifra preliminar de enero y determinó que durante 2019 nuestra economía retrocedió 0.1%. La particularidad es que en cada uno de los cuatro trimestres el PIB observó leves caídas trimestrales, coincidentemente alrededor de -0.1% en cada caso, lo que ocasionó que se diera nuevamente el debate sobre si México está en recesión o no.

En general, prevalece la idea de que una economía está en recesión cuando liga dos trimestres consecutivos a la baja. Si nos atenemos a este concepto, México estaría en recesión. Sin embargo, el concepto de recesión es más amplio, ya que involucra las condiciones del sector manufacturero, las ventas al menudeo, el empleo y otros indicadores.

En México, la evidencia muestra que durante 2019 el desempleo se mantuvo cerca de sus niveles mínimos desde hace muchos años, ubicándose alrededor de 3.5%; la producción manufacturera no cayó sucesivamente, excepto en el cuarto trimestre del año; las ventas al menudeo solo bajaron marginalmente en el cuarto trimestre, logrando durante 2019 un avance aceptable.

Además, la recesión se caracteriza por caídas generalizadas y de cierta profundidad de la actividad productiva a nivel sectorial, y este no es el caso de México ya que solo la minería, la construcción y otras industrias menores sufrieron caídas significativas el año pasado. Incluso otros sectores como el de servicios, que aporta el 60% del PIB, observó crecimiento del 0.5% y el agropecuario de 1.9%. Únicamente el sector industrial, que pesa poco más de 30% del PIB general, retrocedió 1.8% durante 2019.

Este escenario es muy diferente a las recesiones que México vivió en 1995 y 2009 cuando el PIB bajó 6.3 y 5.3%, respectivamente, y casi todos sectores cayeron, en algunos casos, de manera aparatosa. Además, en esos años, el desempleo se elevó significativamente y las ventas comerciales y la producción manufacturera reportaron desplomes sin precedentes. Hoy, lo que vemos no es una recesión, más bien estamos involucrados en un estancamiento económico.

Para demostrar que la recesión no se mide solo por la trayectoria del PIB, se puede ver lo que pasó en Estados Unidos durante la leve recesión de 2001. En ese país, la recesión oficial declarada por el National Bureau of Economic Research (NBER ) tuvo una duración de ocho meses, de abril a noviembre de 2001. El PIB se contrajo solo en el tercer trimestre de ese año, más no durante dos trimestres consecutivos, pero la producción industrial descendía significativamente, el desempleo se elevaba, los ingresos del consumidor iban a la baja y las ventas caían de manera intermitente. Estos últimos hechos fueron suficientes para que el NBER declarara que hubo recesión.

En México, el Inegi está en el proceso de conformar un comité (similar al NBER) que medirá oficialmente las fechas y las magnitudes de las recesiones que ha experimentado el país. Seguramente tomará en cuenta que la recesión no se medirá solo por el desempeño del PIB, por lo que si ahora tuviera que emitir su opinión, probablemente diría que México no estuvo en recesión en 2019, al menos no de manera significativa. Si declara que la hubo, sería solo de manera marginal o de  poca profundidad. Si el Inegi usara los indicadores coincidente o adelantado para dimensionar su postura sobre la recesión, tal vez tendría elementos adicionales para tomar una mejor decisión. Habrá que esperar lo que decida el comité durante este año. Por lo pronto para 2020, las expectativas de crecimiento económico se mantienen débiles.

John Soldevilla|Chief Economist, Engen Capital

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.

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