A la baja: la coyuntura económica requiere soluciones inteligentes.

Transcurre el segundo trimestre del año y las cifras que vamos conociendo confirman lo que los analistas y el mercado habían anticipado: una recesión más profunda que la inicialmente esperada. Por efecto de la pandemia del Covid-19, la economía está viviendo una condición muy compleja que no se veía probablemente desde la Gran Depresión del siglo pasado, por lo que se requiere que todos los actores de la sociedad, especialmente gobierno y empresas, tomen decisiones inteligentes y muy atrevidas, no para evitar una recesión -ya es inevitable- sino para evitar una catástrofe socioeconómica en el país. En este escenario debe aparecer el estadista, el jefe del país, el dirigente que debe llevar a buen puerto a la población, a las empresas y especialmente los sectores más vulnerables de la sociedad: las familias.

Algunos ejemplos son claros: tenemos el gran desplome de la producción y exportación de vehículos en abril, al que ahora se está sumando la caída de 41.9% anual en las exportaciones manufactureras de ese mismo mes. La recesión que se reporta en Estados Unidos está afectando significativamente a nuestras exportaciones manufactureras hacia ese país, mismas que retrocedieron 42.3% anual, probablemente su mayor caída histórica. De manera puntual, las ventas automotrices (vehículos y autopartes) hacia ese destino se han desplomado 80%, lo que muestra la enorme afectación que está sufriendo esta industria, siendo una de las razones por las cuales el gobierno decidió reiniciar sus actividades desde mayo, a fin de moderar su recesión y ayudar a una salida más rápida de la situación actual.

Junto con las exportaciones, las importaciones totales del país también se están desplomando con una tasa de -30.5% anual en abril, la caída más aguda desde la crisis de 2009; esto  no necesariamente es bueno para nuestra economía, ya que ello revela claramente la debilidad de la actividad económica interna: por ejemplo, la importación de bienes de consumo se contrajo 46.5% anual, lo que refleja la caída del empleo local y la incertidumbre que ahora experimentan los consumidores en torno al futuro de nuestra economía. Seguramente México verá en este año un mayor superávit comercial, producto de la mayor caída esperada de las importaciones respecto a las exportaciones.

Siguiendo con la coyuntura económica, la inflación de la primera quincena de mayo fue de 0.30%. Contra todos los pronósticos fue inusualmente positiva, cuando tradicionalmente en este periodo suelen reportarse tasas negativas por estacionalidad (por ejemplo, tarifas eléctricas en el norte del país). Cabe mencionar que fue en 2002 la última vez que la inflación de una primera quincena de mayo fue de 0.27%, desde entonces siempre había sido negativa.

Tras haber descendido hacia 2.0% anual hace un mes, la inflación se elevó hasta 2.83% anual en la primera quincena de mayo, un repunte temporal que se explica fundamentalmente por el incremento en los precios agropecuarios (10.6% anual), principalmente en el segmento de frutas y verduras (19.2%). Por sexta quincena consecutiva, estos precios aumentan arriba del promedio inflacionario.

La coyuntura y las medidas gubernamentales de detener ciertas actividades productivas generan presiones sobre los precios de muchos productos, observándose una especie de choque de oferta. A pesar de esto, mantenemos nuestra expectativa de inflación en 2.96% al cierre de este año. La inflación sigue sin ser un gran problema para Banxico, por lo que seguimos pensando que el banco central debiera ser más intensivo en su proceso de baja en tasas de interés para llevarlas hacia niveles de 4% en los próximos meses.

Por su parte, algunos indicadores relacionados con el mercado interno empiezan a evidenciar los efectos de la pandemia. En marzo las ventas al menudeo retrocedieron 1.1% anual, su peor número desde enero de 2018. Algunas actividades ya resienten la coyuntura con caídas significativas. Aunque en marzo las actividades productivas aún no se habían detenido, seguramente a partir de abril veremos números muy negativos. Asimismo, y de manera complementaria, los ingresos de las actividades de servicios retrocedieron 6.9% anual en marzo, su peor desempeño desde diciembre de 2009. Algunos servicios ya caen significativamente: transporte aéreo, -26.9% anual; transporte terrestre de pasajeros, -19.2%; servicios profesionales, -10.5%; servicios educativos y de salud, -11% en cada caso; esparcimiento, -27.7%; hoteles -26.5%, entre otros. El autotransporte de carga bajó moderadamente -2.3% anual. Cuando se reporte abril es probable que algunas actividades caigan más de 60%.

John Soldevilla | Chief Economist, Engen Capital

Economista con Maestría en Planeación y Desarrollo por el CIDE, así como diversos postgrados en Econometría.
Catedrático por 19 años con más de 20 años de experiencia en el sector financiero.
Especialista en el monitoreo de la economía y el riesgo para las industrias.

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